¿Quienes somos?Historia del AzabacheColecciónNuestros Enlaces FavoritosInformaciónElaboraciónCómo cuidar el AzabacheComentarios


El azabache ha sido explotado desde hace miles de años. Su uso ya era frecuente en en el paleolítico superior. Debido a su escasez y al intenso color negro que adquiere una vez pulimentado fue considerado una piedra semipreciosa y tuvo la consideración de material mágico.

Se ha encontrado Azabache en restos neolíticos, en túmulos y bajo dólmenes; en algunos de ellos se recuperaron más de cien cuentas de azabache lo que confirma que ésta madera fósil era una posesión de mucho valor a la que atribuían un innegable carácter protector.

Monte Areo situado en el Concejo de Carreño.
Reproducción de un collar de azabache del neolítico.

La pieza más antigua localizada hasta la fecha, y excepcional en el contexto europeo, es una cuenta de collar recuperada en las excavaciones arqueológicas de la cueva de Las Caldas (Oviedo), en un nivel de ocupación del Solutrense Superior, cuya antigüedad se remonta a unos 19.000 años.

En la Edad de Piedra fue muy usado en centro Europa y especialmente en Alemania y Francia, de donde pasó a Inglaterra.

En la civilización castreña de Galicia y Asturias se han encontrado abundantes piezas procedentes de los siglos IV a III a.C.

Las joyas de Azabache fueron muy apreciadas por los vikingos, etruscos y romanos. Utilizaban este material realizando fundamentalmente adornos y abalorios, botones de trajes de ceremonias y fiestas, una joyería muy típica en la que se encontraban como piezas básicas los camafeos y esculturas y tallas de pequeñas figuras.

Al azabache impropiamente se ha llamado ébano fósil.

Utilizado por las superioras de los conventos.
Trozo de azabache.

Antiguamente se denominó succinum nigrum, comparándolo al ámbar o succino.

También se le llamó Lapis Gagates, denominación utilizada entre otros por el naturalista Plinio y por San Isidoro, autor que, en su obra Las Etimologías, aclara la razón: “Gagates es una piedra hallada primeramente en Licia, Asia Menor (Turquía) que es arrojada a la orilla por el río Gagas, y de ahí le viene el nombre; hay muchas en Bretaña. Es una piedra negra, plana, suave y arde aplicada al fuego. No se borran los escritos hechos con el barro de esta piedra...”

El nombre español azabache es de origen árabe. Su nombre actual procede del árabe “az-zabág” que derivó al castellano “azabaje” y posteriormente “azabache”.

Amuleto contra el mal de ojo.
Higa del Museo de la Catedral de Santo Domingo (República Dominicana).

En Asturias se le llama acebache o azebache.

En Galicia, acebiche o acibeche.

En catalán, gaieta (derivado de Gagas) y también átzabeja o açabais.

En aragonés se le llama azabaya.

De la palabra Gagas derivó la francesa jaiet o jais y de ésta la inglesa jet.

En Alemania se denomina gagat.

Gagato es como se llama al azabache en esperanto.

Giaietto o gagate así se llama en Italia.

Santiago Peregrino entre orantes
Collar facetado y pendientes victorianos. Fotografía: A.&G. Taylor Photographers to the Queen. Referencia Morning Glory Antiques & Jewelry.
En los Países Bajos y en Bélgica (neerlandés) al azabache lo llaman git.

Los turcos lo llaman oltu taşı.

Los portugueses lo denominan azeviche.

En sueco se dice al azabache beckkol.

Rагат para los rusos.

Y en Finlandia lo dicen gagaatti.

Al azabache siempre se le adjudicaron propiedades terapéuticas y mágicas; muchos han sido los autores que se han referido a sus propiedades y virtudes.

Usada desde la antiguedad como talisman por su alto poder como escudo contra las energias negativas.

Esta piedra es un talismán, tiene un alto poder energético y vibratorio, es utilizada en magias y hechizos desde la antigüedad.

De azabache fueron los amuletos más utilizados por todas las clases sociales, siendo quizá el más popular la higa (puño cerrado en el que el dedo pulgar sobresale entre el índice y el corazón) que fue utilizada como defensa contra el mal de ojo.

Una de las representaciones más conocidas del azabache ha sido la higa o cigua de azabache.

Monte Areo situado en el Concejo de Carreño.
Higas.

Tomó un papel protagonista este amuleto en territorio hispano las denominaron "figas" , tanto en sus representaciones genuinas como en esquematizaciones de las mismas utilizadas en todo tipo de colgantes y adornos, siendo la "figa" de azabache genuinamente hispana.

En los inventarios de los azabacheros compostelanos en 1538 se asientan como "manos de azabache" y en 1546 como "figas".

Se recetaba como sustancia eficaz utilizada como preservativo, ahuyentaba de la mirada del basilisco, calmaba las sofocaciones y ahogamientos de las madres; en sahumerios se ponía para combatir la epilepsia y preservar la virginidad; cocido en vino curaba los males de los dientes y lamparones.

Los amuletos en forma de mano ("figa" o "higa") tienen una antigua tradición entre las gentes del Mediterráneo; en Italia se conoce desde la Edad de Hierro la denominada "mano cornuta"; entre los pueblos orientales tiene mayor tradición la mano abierta de bronce.

Utilizado por las superioras de los conventos.
Gesto de hacer la "higa".

Hacer la "higa" era un gesto de carácter injurioso que implicaba una acción nociva a distancia hacia aquel al que iba dirigido, quedando anulados los efectos si se portaba el antídoto correspondiente, que consistía precisamente en una reproducción de dicho gesto en azabache.

Especialmente temidos popularmente son los aojamientos o mal de ojo; en relación con ellos el amuleto al que se le atribuyen virtudes profilácticas privilegiadas es la "higa", extendido por toda la geografía hispana, utilizándose en su elaboración preferentemente el azabache y el coral.

Con la llegada de los árabes a tierras españolas este amuleto contra el mal de ojo se difundió y utilizó masivamente por todos los estratos sociales de la España cristiana desde el siglo XVI.

En América hispana y portuguesa está extendida la tradición con iguales connotaciones y características que en España.


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